La poética esperanza del Apocalipsis John Hillcoat traslada a imagen la obra maestra de Cormac McCarthy con un sacrílego respeto a la obra original, indagando en el fondo de los sentimientos humanos dentro de un entorno hostil y apocalíptico donde un padre y un hijo luchan por sobrevivir. Uno de los miedos de la sociedad actual, lejos de leyendas y supersticiones, reside en la impotencia y el pesimismo con el que se mira a un futuro poco alentador. Las catástrofes naturales, cada día más sistematizadas, la crisis y la caída de la bolsa, la desconfianza extrema o el temor a una pandemia acreditan una reflexión metafórica de unos tiempos avocados al fin del mundo. El Apocalipsis es un concepto menos proverbial y cada vez más inmediato. La ficción ha dejado de ser algo ilusorio para devolvernos a esa terrible profecía que se va acercando con sigilo, que vislumbra, con cierto discurso fatalista, un mundo en el que la tragedia final dejará un temible "día después". El mismo día en el que los últimos supervivientes de una sociedad devastada por alguna catástrofe tendrán que empezar de cero, volviendo a los orígenes de la conservación que, desgraciadamente, apunta a una lógica deshumanización del ser humano que ya ha contagiado en cierta medida la conciencia colectiva. Las imágenes de esa destrucción colectiva siguen perpetuando una extraña fascinación que pocas veces se ha tratado desde un prisma intrínseco, ajeno al artificio de los efectos visuales y la hecatombe gráfica.

‘La carretera´, adaptación de la novela ganadora del Premio Pulitzer de Cormac McCarhty, habla de un hipotético futuro no tan lejano, donde (y a pesar de lo que avanzaba el engañoso trailer), John Hillcoat ofrece con un sacrílego respeto la fidelidad una visión post-nuclear sin necesidad de entrar en causas o consecuencias. No es necesario asistir a ese posible fin del mundo ni recibir ningún tipo de explicación enfática de una admisible detonación nuclear, de una plaga destructiva o de las gigantescas derivaciones del venidero cambio climático. Basta con un par de paisajes, un resplandor entre el sonido de unos gritos desconsolados para saber que la civilización exangüe del filme vaga por un mundo sin futuro. La colosal grandeza de un texto como el de McCarthy hacía presagiar una labor irrealizable a la hora de concebir una trascripción narrativa y cinematográfica que sostuviera la equidad literaria a esa tortuosa travesía de un padre y su hijo al borde de la inanición a través de áridos e inhóspitos parajes de naturaleza muerta, donde los ríos, como el cielo, son grises y mortecinos, como las propias expectativas de un rumbo hacia costa sureste de Estados Unidos, de un trayecto a ninguna parte. El guionista Joe Penhall consigue trasladar, bajo la batuta visual de un inspirado Hillcoat, ese mundo alegórico sin futuro, haciendo posible la ardua labor de asemejar en pantalla el lenguaje incisivo y minimalista de las descripciones del autor literario, alejándose del vistoso lucimiento de efectos especiales que pudieran restar un ápice de credibilidad y autenticidad al original.

El filme sigue la férrea trayectoria de ese padre e hijo que sobreviven y siguen adelante pese a su improbable éxito, arrastrando sus menguadas adquisiciones en forma de mantas, comida y bebida en un carrito de supermercado. Dentro de esa parquedad de caracteres, se va fraguando la ética y la estética unidas en un vínculo formal y de contenidos arrolladores. ‘La carretera´ sigue como puede, con firmeza y talento, las directrices de esa obra literaria impresionante, de una expresividad y riqueza intensas en su visualización del horizonte sombrío y de incertidumbre. La película no se olvida de ningún detalle, de la descripción nada complaciente de ese padre arisco y pragmático a la hora de proteger a su cachorro, cansado y desconfiado, que no se rinde ante la adversidad y teme cualquier contingencia que incomode su fatal viaje a una esperanza que no existe. En contraposición, el chico, que vive con la esperanza perdida del padre, con la necesidad de creer que no todo el mundo supone una amenaza y que echa de menos el vínculo familiar que han ido perdiendo en su huída, presente en la memoria de esos ‘flashbacks´ que rememoran retazos del mundo antiguo, cuando todavía había perspectivas y éstas se fueron cangrenando por la pérdida de autoconfianza. ‘La carretera´ se fija en esa divergencia del pesimismo del padre y la inocencia del chico, como subterfugio moral frente a la realidad anémica de optimismo. Y mientras, el ser humano es puesto en tela de juicio. La humanidad escindida entre aquellos que mantienen intacta su dignidad como personas y los que se han dejado llevar por los más oscuros instintos ancestrales. El hombre frente a su bestialidad, dibujado esos "malos" que son residuos de una raza humana que practica la antropofagia, volviéndose cruel cazadora de sí misma. El contexto del filme no deja lugar a dudas: el pasado se ha perdido en la memoria como una mentira y no existe ningún porvenir. El destino ha definido su esencia a una circunstancia llevada a una cuestión de vida o muerte, donde aquellos que respeten los valores arraigados a la condición racional podrán seguir subsistiendo como auténticos hombres. El ser humano, puesto en situaciones límites, va descomponiéndose moralmente hasta la deshumanización más brutal.

Es cuando el hombre sin nombre, el padre, llega a un punto de insensibilidad con el prójimo, desconfiado y aleccionando a su pequeño para que llegue al suicidio en caso de máximo peligro, como salvaguardia de su inocencia. Lo cotidiano es un terreno hostil donde cada encuentro con un semejante supone una amenaza. El peligro está a la vuelta de cualquier esquina, detrás de cualquier árbol, acechando en forma humana por llevarse algo a la boca, bien sea desde la sensibilidad del que hurta por comer o en el salvajismo de caníbales que guardan carne fresca humana en un sótano. La carretera es el símbolo de ese peligro, pero también la senda que lleva a una falsa expectativa por encontrar un lugar donde habite gente en concordia. En realidad, el padre no busca una escapatoria real para su hijo, sino una educacional iniciativa de supervivencia, imbuida de unos valores efectivos y afectivos que le valgan para protegerse dentro en el tortuoso orbe devastado, de transferir su resistencia al chico y así hacerle fuerte ante el desastre. Lo que se niega a ver es que el chico es el único capaz de creer en la bondad, en la compasión y en la libertad. Tanto la obra de McCarthy como la cinta de Hillcoat continúan hablando de la utópica y muy arcaica idea literaria de Faulkner o Beckett acerca de una rebelión del hombre ante una adversidad fatal. ‘La carretera´ no es una tragedia que gire en torno al hambre o la miseria. Ni siquiera sobre el futuro. Su núcleo tampoco se mantiene en esa perspectiva de supervivencia extrema. ‘La carretera´ aboga por escrutar el fondo de los sentimientos humanos. De ahí que sea tan importante ese "fuego interior" que ayuda a no desistir en el duro proceso de sobrevivir. Habla de la razón que supera al oscurantismo, en una pugna en la que impera la fe, la esperanza o el amor. Una oda al paternalismo, a la dureza de la educación y a la sustancia en un ámbito de incomprensión y violencia.

Si bien se echa en falta un punto de emoción, de subrayados sentimentales del padre hacia el hijo, de algo de ternura que vislumbre el amor ciego del progenitor en el planteamiento narrativo de su adaptación fílmica, Hillcoat sabe captar el realismo sucio de la palabras de McCarthy. La identidad visual y el ascetismo se trasladan al celuloide con una puesta en escena de la épica rodeada de podredumbre con un buscado equilibrio de reflexión, evocación y suspense. Como película sabe reflejar con sus agónicas imágenes la introspección del libro, avanzando en su psicología interna, sin renunciar a los matices que arrastran al relato hacia una sórdida profundidad existencialista. ‘La carretera´, como película, se sostiene con un perfecto grado de lirismo sombrío que define ese infecundo paisaje cubierto de ceniza por el que el padre y el hijo encaminan sus pasos en un indefinido éxodo hacia la nada. Nada que objetar a su magnífica adaptación. No olvida el constante tono angustioso, la monotonía hipnótica o el desasosiego fruto de la inteligente utilización de esos sonidos de zozobra y congoja o de algunos golpes de efectos de suspense realmente efectivos. Sin embargo, hay elementos que culminan en grandeza dentro de sus aciertos. Como es el caso de esa fotografía de Javier Aguirresarobe, digna de aplauso, que logra aturdir con el sobrecogimiento de ese glaucoma frío que enturbia el ambiente, con una utilización de gamas cromáticas oscuras y sombrías, poniendo así en evidencia el intenso deseo de expresar la miseria y los sufrimientos de la humanidad. También ayudan (y de qué manera) las inolvidables aportaciones de un soberbio Viggo Mortensen y el descubrimiento infantil Kodi Smit-McPhe, con sendas interpretaciones materializadas con el alma, con el desgarro tributado a dos personajes que beben de la correspondencia recíproca para alcanzar la superioridad. El elogio queda fuera de toda duda porque sus composiciones van más allá de la desnudez emocional y física.

 ‘La carretera´ es una de las mejores adaptaciones de una novela al cine que se hayan visto en mucho tiempo. Un drama que acaricia con gran crédito otros géneros que le son afines, como el catastrofista, el terror, el ‘western´ crepuscular, la ‘road movie´ o la ciencia ficción anticipativa. Su melancólico pesimismo, sacudido por una necesidad de creencia alcanzan en su discurso final una metáfora de la vida absolutamente excepcional, por mucho que Hillcoat y Penhall hayan suavizado la fiereza hiriente de McCarthy, deja un sabor agridulce y la certeza de que, en algún momento del futuro, reencontrarse con esta obra convertida, desde el silencio, en una película de culto que ha sabido respetar la esencia de una obra maestra de la literatura. Hasta entonces, quedarán esas últimas palabras del padre al hijo (y viceversa) bajo las conmovedoras notas de Nick Cave y Warren Ellis, dejando caer una lágrima de color ceniza, símbolo de que la bondad y el amor perdurarán por muchos desastres que aniquilen el mundo que conocemos hoy en día.

Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010

fuente: http://refoworld.blogspot.com/2010/02/review-la-carretera-road-de-john.html

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La Carretera (The Road), de John Hillcoat
Fecha de publicación: 2010-03-05 12:03:16, por Miguel Angel Refoyo   (visto: 356 veces)   (a 0 personas les ha gustado)
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Opiniones sobre el artículo
   bien escrito publicada el (29/03/2010 22:03:05) xam  
   Muy bien escrito. genial sigue asi


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