Gran noticia: La cinemateca francesa va a dedicar una gran retrospectiva al genial cineasta, compositor, actor, productor y, sobre todo, gran artista que es y sigue siendo Jesús Franco (o Jess Franco o tío Jess). Este creador inclasificable y prolífico (208 películas le avalan), licenciado en Derecho, con la carrera de piano completa en su currículum, gran amante de la música y especialmente del jazz, afronta con humildad y casi con sorpresa el merecido homenaje que los franceses le harán desde el 18 de junio al 31 de julio de este mismo año. Normal. Es Francia y Jesús Franco alcanzó allí lo principal de su educación cultural y emocional. Bravo Jess. Un cineasta total, actor en alguna obra maestra de Fernando Fernán-Gómez, ayudante de Roger Corman, de Orson Welles en su genial "Campanadas a medianoche", montador final de "El Quijote" del director de Ciudadano Kane, al que hay que agradecer la ubérrima disposición de un carácter transgresor y fiel a sí mismo, a su propia concepción de la producción artística y cultural, que ha sabido mantenerse a flote a pesar de las furibundas críticas y la ausencia total de subvención oficial. Santi, ya me gustaría que pudiéramos escaparnos durante esos días a La France. Algún día le homenajearemos como se merece en el Rincón. Os dejo con unas sabias palabras del maestro: "Seamos, para siempre, sinceros y, sobre todo, no tengamos miedo de nosotros mismos. Esto, por supuesto, es extensible al erotismo, al mundo de las sensaciones, al placer de superar prohibiciones y tabúes. Ya está bien de doctrinas, de monsergas y esclavitudes. Lo malo es que casi nadie se atreve a franquear esa ridícula frontera de nada. Prefieren justificar su cobardía con unos supuestos previos de mierda. Peor para ellos, peor para todos".
"A mí lo que me ha apasionado, hasta extremos insospechados, ha sido el jazz, la composición y también la interpretación. Jean Paul Sartre decía que le apasionaba el jazz porque era el grito, el alarido que a él le estaba prohibido lanzar. Y es cierto que el jazz es una liberación y una fuente extraordinaria por su complejidad, por el valor que tiene de aventura la improvisación, la audacia armónica o rítmica. Ahora bien, a mí, que adoro la música, que considero a Bach como una de las cumbres de la belleza, que gozo casi hasta el orgasmo ante el más sencillo de los cánones del barroco, no puedo remediar que mis fibras vitales se escapen de mi cuerpo ante las sonoridades de Clifford Brown o Duke Ellington".