Alexander Payne: Election. Los claroscuros éticos y morales presentes en el sistema de elecciones supuestamente democrático (una persona un voto, jajajajajajaja, etc.) desentrañados con habilidad a través de esta inteligente y ágil comedia norteamericana, donde un profesor de instituto perfectamente encarnado por Matthew Broderick dinamitará su apacible, predecible y modélica vida de ciudadano ejemplar mediante su borrosa implicación en la promoción de la candidatura electoral de un determinado alumno, que utilizará como arma de competición contra la principal rival, una jovencísima Reese Whiterspoon, en la lucha por lograr la representación dentro del comité de actividades. Todo se enredará de una forma maquiavélica dando como resultado situaciones presididas por la manipulación, la mentira y una profunda, no por ello menos divertida, ambigüedad moral. Final irónico que esconde un guiño desencantado sobre la posibilidad de superar ciertos obstáculos hondamente enraizados en la condición humana. Qué le vamos a hacer, somos así. Ideal para un parcial de ética en un salvaje "insti" de Secundaria.
Sydney Lumet: Network. Obra cuya reseña podréis encontrar en predicado.com ("Una operación triunfante") y que os recomiendo con renovado fervor. Peter Finch, William Holden y Faye Dunaway configuran un trabajo actoral espléndido para dar consistencia a un guión visionario y profético, lúcido hasta la extenuación, que teoriza una denuncia implacable de la alienación perpetrada por el artefacto televisivo en el espectador idiotizado y pasivo, un prototipo "medio" desactivado de cualquier corriente crítica, convertido en insubstancial y compulsivo consumidor de ficciones-basura con que nutrir su cotidiano vacío existencial. La última conversación entre el paleohumanista Holden y la neorobotizada Dunaway es sencillamente antológica. Muy Buena.
Factoría Disney: Fantasía 2000. Prolongación del sueño de Disney sobre su eterna película en eterno proceso de creación. Claramente inferior a su predecesora, mantiene una factura visual mágica fundamentada en un apabullante dominio de las más innovadoras técnicas de animación. Beethoven, Resphigi, Shostakovich, Saint-Säens, y Elgar son algunos de los maestros cuyas composiciones sirven de inspiración a las imaginerías fantásticas ideadas por los creativos de papá Walt. Buena.
Henry Georges Clouzot: Las diabólicas. Clásico thriller negro del llamado "Hitchcock francés", protagonizado por la hermosísima Simone Signoret, objeto de renovados remakes y que continúa conservando su perturbadora fuerza original plasmada en una historia de oscura amoralidad, cuya principal baza consiste en contar con una dirección creadora de una atmósfera de progresiva morbidez emocional, el marco perfecto para deslizar las luces y sombras de una tríada relacional presa de la ambición, la violencia y la mentira. Muy Buena.
Mario Camus: Los santos inocentes. Magistral adaptación de la durísima novela del gran Delibes que nos vuelve a dejar literalmente sin aliento. Vista por n-sima ocasión continúa conmoviendo y enfureciendo como la primera vez, exprimiendo nuestro corazón con una garra oscura, absolutamente real, cuyo reinado masacró vidas y esperanzas durante largos años de silenciada y colectiva miseria moral. La extrusión demoledora por parte del poderoso sobre el débil en la España latifundista más jerarquizada y reaccionaria, situación perfectamente extrapolable a lo que hoy sigue ocurriendo en el ámbito transnacional entre el primer y los demás mundos posibles (en realidad imposibles). Inolvidables secuencias que se graban con dolor y fuego en la retina del acongojado espectador. Paco, El Bajo (Alfredo Landa en una interpretación memorable), Azarías (Paco Rabal prodigioso, su "milana bonita" es un descriptivo símbolo de la inocencia aniquilada), Régula (Terele Pávez contenida e impecable), son personajes que ya forman parte de nuestro hispánico y compartido imaginario común. El grito desgarrado y aterrador de "la niña chica" resume de un modo profundamente doloroso el aullido de los desheredados del mundo frente a su esclavización por parte de los perversos poderes sociales y económicos, diseñados en sustancia para certificar la continuidad de un statu quo asentado en los privilegios de clase. Un Clásico indiscutible y siempre necesario, más en los vientos que soplan y con el absurdo de una nueva matanza de inocentes en el horizonte internacional.
Y ya os dejo una semana más, con el proyecto de lectura de "Las correcciones" de Jonathan Franzen, la nueva gran esperanza de la narrativa norteamericana junto a David Foster Wallace, cada vez más alejados de los juegos formalistas posmodernos, y la convicción cada vez más presente, más fuerte, más evidente, de la absoluta apariencia de las cosas, sombras crepusculares en la caverna de los deseos inciertos, que en su diversidad material ocultan la verdadera Forma que les confiere realidad. Porque "Lo que está aquí, está allá. Lo que está allá, está aquí igual. Quien ve diferencias, va de muerte en muerte" (Katha Upanisad). ¿Quién osaría afirmar que lo real es real? Augusto Monterroso ya habrá despertado y el dinosaurio seguirá allí.