|
El Mundial ha terminado. Mientras preparamos una crónica detallada sobre todo lo acontecido de la mano de nuestro experto Antonio Fernández, donde esperamos analizar con la mayor objetividad posible equipos, partidos, hazañas, fracasos, jugadores, seleccionadores, y todo, absolutamente todo, lo más significativo que nos haya podido dejar este magno evento, ya podemos sacar pecho y decir que sí, que lo hemos conseguido, que por fin se ha logrado lo que hasta este momento parecía imposible: somos Campeones del Mundo.
Los comienzos fueron dubitativos, con derrota incluida frente a Suiza, pero a raíz de esa significativa señal de alarma el combinado español comenzó a centrarse en su objetivo y su escalada hacia lo más alto, la cumbre que da derecho a exhibir el gran trofeo como merecida recompensa a todo el esfuerzo invertido.
El de anoche fue uno de esos partidos dramáticos hasta decir basta, marcado desde casi su inicio por la estrategia diseñada por Holanda para neutralizar el juego español. Y a fe que casi lo logran a base de una dureza rayana en lo ilegal, con la vergonzosa lenidad el árbitro que permitió continuar en el terreno de juego a ciertos elementos muy peligrosos (especial mención merece la sombría actuación de Van Bommel, siempre al límite de la expulsión y eternamente perdonado por no se sabe muy bien qué extraña razón), y una propuesta rácana que casi les sale perfecta si Robben hubiera logrado batir a San Iker Casillas (elegido mejor portero del torneo), o si el mismo jugador no peca por exceso de talento en su segundo mano a mano con nuestro particular salvador. Todo parecía apuntar a un dramatismo aun mayor con la fatídica tanda de penaltis. Pero afortunadamente el destino se despejó con el disparo certero de Iniesta (hermoso y conveniente gesto al recordar al tristemente desaparecido Dani Jarque), y las nubes se abrieron ofreciendo al combinado español la visión de ese Cielo tantas veces anhelado y soñado. Ya éramos campeones del Mundo y lo sabíamos. La explosión final de júbilo y el anecdotario subsiguiente ya es historia.
Muchos atribuirán gran parte del éxito conseguido a Vicente Del Bosque, lo cual no deja de ser cierto a la hora de tener en cuenta determinados factores, pero no otros, pues no hay que olvidar que la estructura del equipo estaba perfectamente construida, las piezas ensambladas, y se ha limitado a hacer lo que sabe hacer estupendamente: crear cohesión, no disgregar, y algo muy importante, tomar en consideración asesoramiento técnico y sugerencias puntuales que a la postre han resultado cruciales, como la jugada que supuso el gol contra Alemania, habitualmente ensayada por Guardiola en el Barcelona. Lo bueno de este seleccionador dentro de un equipo de estrellas (ya lo demostró en el Madrid) es su total ausencia de ego, de voluntad de protagonismo, de impulso a destacar por encima de sus jugadores, de su estancia continuada en un segundo plano. Eso sí, cuando la propia dinámica agota al grupo y crece la tensión, o se demandan otro tipo de medidas de menor lenidad o más típicamente técnicas, entonces su capacidad de reacción merma considerablemente. No es un gran entrenador pero sí un gran conciliador y catalizador, y ha sabido no estropear lo que había heredado, lo cual le ha reportado este éxito tan inmenso. Y le felicitamos por ello.
Hasta aquí hemos llegado. Muchas emociones vividas, sentidas, experimentadas. Llantos, gritos, furia, decepción, tensión, dramatismo, incertidumbre, gloria. Nos vemos en breve, con estos y otros ingredientes. Ahora toca disfrutar.
LO MEJOR: ESPAÑA
LO PEOR:
- El pobre juego exhibido por la casi totalidad de las selecciones.
- La banda sonora del evento, vuvucelas incluidas.
- Los comentaristas de la cadena encargada de las retransmisiones, encabezados por un insufrible Camacho (“Habría que meter el centro más por abajo”; eso y enterrar tu micrófono).
Dejad vuestras opiniones.
Reclamamos asimismo las reacciones particulares de nuestros corresponsales desde diferentes puntos del planeta futbolero: ANTONIO desde la combativa y multicultural ciudad de Getafe, FALI desde la augusta ciudad emeritense, CHAPI desde la acogedora Sabadell y WALTER desde nuestro amado Santiago de Chile. ¿Cómo vivisteis el gran éxito de la selección?
|