, el realizador francés compone una historia densa, oscura y compleja perfectamente ajustada e idónea para el principal propósito del film, la exploración consistente y descarnada acerca de los efectos psicológicos y existenciales que las actuales formas de organización laboral pueden provocar sobre los lazos familiares y sobre el individuo tomado como unidad aislada en interacción con ese núcleo familiar.
El protagonista, un ser absolutamente cotidiano y "normal" al que podríamos ubicar dentro de un "status" socioeconómico medio-alto, con el que por tanto resultará muy fácil indentificarse para gran parte de los espectadores, y cuya escala de valores permanece anclada en un universo de bienestar y productividad económica rentables (es consultor de una empresa solvente), de repente es aguijoneado por una inquietud interna nacida de la angustiosa inercia de lo previsible y se precipita en un despido, tal vez buscado inconscientemente, que le permitirá enfrentar su nueva situación de desempleado mediante la estrategia de la mentira.
A partir de ese instante ocultará el hecho a su familia y comenzará a fabricarse "una nueva identidad" fundamentada en la invención de un trabajo inexistente e irónicamente relacionado, nada es casual en esta película, con la potenciación del modelo de desarrollo económico occidental en países africanos. Su vida comienza a complicarse paulatinamente, cada vez le resulta mucho más difícil fingir frente a sus familiares y conocidos una existencia construida a partir de la nada, sin asideros reales, totalmente imaginaria, y nosotros espectadores, cual excepcional testigo de la tragedia interior que ya se va dibujando en el horizonte de su tortuoso camino, asistimos atónitos a un doble y brutal desvelamiento finamente hilado y fusionado por el realizador francés en una especie de doble hélice narrativa: por un lado, la primera espiral, se hace progresivamente visible como fracasada tentativa por parte del personaje de realizar un leve impulso de marginalidad en cuyo engranaje se engancha gracias a la intervención fortuita de un oscuro salvador; por otro, la segunda espiral, se materializa como puesta en acto de "guiones" de comportamiento heredados de la figura paterna, que a su vez pretende reproducir patéticamente en la educación del propio hijo.
 |
Ambas líneas de descubrimiento se retuercen enriqueciendo y complejizando portentosamente el análisis llevado a cabo por Cantet, sabiamente enmarcadas en las circunstancias determinantes o condicionantes de un entorno sociolaboral viciado por una enfermiza cultura del éxito y una cierta "ambiciosa conformidad" o "innovación bien encauzada" dentro de los límites marcados por lo políticamente correcto, es decir, la tiranía del mercado global.
Cantet construye una estética que va ganando en abstracción, opresión y oscuridad a medida que el desarrollo de la historia se adentra poco a poco, con el ritmo siempre adecuado, en los sutiles y complejos matices, ambiguas opalescencias, que terminan por configurar una lúcida y corrosiva radiografía de la decadente sociedad actual.
El final, desolador y terrible, es la conclusión matemática exacta de la ecuación compuesta por las incógnitas de nuestra posmoderna convivencia familiar y laboral, un resultado lógico e implacable, la derrota definitiva de un ser sometido sin remisión a las leyes dictadas por una dinámica alienante contra la que poco o nada puede hacer, porque forma parte de él, es su propio carácter. Y de alguna manera, así lo creo, de ahí la angustia identificatoria que provoca, el nuestro.