La selección está sufriendo por parte de ciertos sectores periodísticos críticas excesivas e infundadas. Cierto que todo equipo al final acaba siendo fiel reflejo del espíritu que anima a su entrenador, apenas visible con un seleccionador tan anodino como Del Bosque, pero ello no empece para que se reconozcan los méritos ofrecidos hasta el momento y, sobre todo, la incipiente practicidad visible en el equipo nacional durante su partido contra Honduras, donde se abandonaron las florituras inoperantes y se optó claramente por resolver el partido de la manera más rápida y contundente. En un torneo de estas características, lo verdaderamente importante es ganarlo, cosa que algunas personas parecen olvidar con demasiada frecuencia. Ponerse por delante, cobrar ventaja, y el tiki-taka vendrá, si no lo ha hecho hasta ese instante, después, tal y como muy acertadamente me comentó al respecto Antonio Fernández, nuestro experto en fútbol con quien muy pronto departiremos sobre todo lo acontecido en este grandioso acontecimiento deportivo. No debiera ser ésta cuestión sub iúdice por cuanto de trascendente presenta el partido que esta misma tarde nos enfrentará a la selección de Chile, país admirado, querido y amigo que también pondrá toda la carne en el asador pues no en vano está en juego su propia clasificación y, más aún, la posibilidad de acabar como primera de grupo.
Se prevé un partido duro, muy físico, con presión asfixiante proveniente de los jugadores chilenos, y los nuestros, bajo la égida de su supuesta superioridad técnica, habrán no obstante de superar esa resistencia y tratar de imponer un juego no especulativo destinado a inclinar la balanza a su favor lo antes posible. España necesita la victoria porque parece muy razonable que Suiza se imponga a Honduras sin demasiados problemas. Una vez en octavos, con los deberes bien hechos, es decir, clasificados como sea, con enervante aura turulata o por el contrario algo más excitados y convencidos, ya nos iremos ocupando de la mayor o menor idoneidad de nuestro próximo rival en el cuadrilátero. Llegó la hora de competir y ganar.
Pero más allá de nuestra selección hay vida, y ¡qué vida amigos y amigas de este precioso y maravilloso juego deportivo! Estados Unidos firmando un final de infarto (qué mérito grandísimo tiene esa clasificación, nada casual dados los antecedentes de un grupo que apeó a España de la posible final de la Copa de Naciones, antesala de la del Mundo, y se lo puso muy complicado a la finalmente campeona, Brasil), y Alemania silenciando malos presagios y haciendo buena una de las más famosas definiciones del fútbol según la cual todos juegan contra todos pero siempre ganan ellos, los alemanes. El propio conjunto germano y la Inglaterra de Capello a buen seguro protagonizarán uno de los choques estrella del torneo, este domingo, en lo que se prevé un enfrentamiento memorable. ¡Y qué decir de la eliminación de los dos anteriores finalistas! Francia protagonizando un espectáculo absolutamente lamentable, impropio de un equipo que ha contando entre sus filas con el más grande jugador de los últimos tiempos, el mítico Zidane, que tal vez sintiera alguna leve satisfacción al ver a sus verdugos fuera de competición, pagando todas sus miserias de una vez, mostrando al mundo que su racanería, sus miserias, su juego torpe plagado de añagazas y golpes bajos les ha dejado (por fin) tirados en la cuneta del fútbol. Nadie, con la excepción de ellos mismos, llorará la caída de Italia. No íbamos nada despistados al hacer la valoración global de lo que nos estaba dando hasta ahora el magno evento: Europa muestra su decadencia, África ha decepcionado profundamente (sólo Ghana clasificada, y por los pelos), América muestra su mejor cara, Asia fructifica colocando a dos representantes en octavos (lección japonesa frente a Dinamarca al invocar el espíritu de Oliver y Benji) y Oceanía se mantiene digna dentro de su falta de potencial.
Pues bien, aquí nos vemos la semana próxima, esperemos que comentando la clasificación española y haciendo cábalas sobre las posibilidades de pasar a cuartos, así como valorando las diversas opiniones emitidas al respecto. Por cierto, y antes de que podamos lanzarnos a los ijares de nuestras víctimas como una jauría hambrienta, dejad vuestras impresiones más calmadas, comedidas y personales.