El premio recibido por los ganadores ha sido la colección completa de las novelas que recogen los casos del famoso inspector creado por el escritor sueco Henning Mankell. La última de la serie, que lleva por título "El hombre inquieto", viene firmada por el propio autor.

el premio
Bueno, pues Wallander ya está en casa. Así es, al final logramos pasar el corte de votos y la editorial Tusquets eligió mi relato EL LÓGICO CULPABLE como uno de los ganadores de la serie completa de novelas escritas por Henning Mankell, y cuyo protagonista es el inspector Wallander, de cuyas peripecias y andanzas el canal TNT ha emitido recientemente su adaptación televisiva, una producción avalada también, lo mismo que los libros, por un gran éxito de crítica y público.
el autógrafo de Henning Mankell
Mi más profundo y sincero agradecimiento para todos los que decidisteis votar por cualquiera de los dos relatos que presenté, y también para el canal TNT, por la perfecta mecánica de participación diseñada, y por supuesto la editorial Tusquets, al haber conseguido promover un concurso dedicado a un género literario de infinita presencia y ramificaciones, como así ha quedado demostrado en el formato de relatos breves, ofreciéndonos además la oportunidad de optar a un suculento manjar literario compuesto por toda la ficción que el gran escritor sueco le ha venido dedicando durante años a Kurt Wallander, contando además con un ejemplar de "El hombre inquieto" firmado por el propio autor.
Todos debemos sentirnos muy satisfechos por haber participado en esta fiesta literaria y felicitar a todos los participantes, con mi especial enhorabuena dedicada al resto de ganadores.
Y de nuevo gracias a todos los que habéis leído los relatos y votado, sin vuestro concurso (y el concurso es sin duda muy vuestro) el certamen no habría sido el éxito que ha sido.
el ganador del premio: Adrián Martínez Buleo
EL LÓGICO CULPABLE
Por Adrián Martínez Buleo
La reducción al absurdo se le presentaba como la única posibilidad deductiva. Si lograba concluir justo la negación de su punto de partida entonces habría demostrado que el asesino era precisamente el asesino y no otro. Embriagado por esta súbita iluminación se puso manos a la obra. Si el asesino no cometió el crimen, aun pareciéndolo, habría que presuponer un afán de notoriedad no muy elevado. Sin el suficiente deseo, sería plausible imaginar que no fue él quien eligió finalmente participar en el reality. Obligado por tal circunstancia, o tal vez guiado por el miedo, accedería a las perversas indicaciones de otro para aproximarse a la víctima. Así que, efectivamente, pudo cometer el crimen inducido por una voluntad ajena, siendo y no siendo a la vez culpable. Cosa imposible al mismo tiempo. Luego el asesino, quod erat demonstrandum, y más allá de cualquier duda razonable, era él.