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Ya estamos aquí, en la línea de salida, esperando que dé comienzo uno los mayores espectáculos del entero orbe. Y cosa extraña, España es favorita. Contamos con un plantel de jugadores envidiable, sin duda, pero también con la presión añadida de sabernos posiblemente la selección más potente de todas las que participan en el magno evento. Es muy probable que tengamos que batirnos el cobre, una vez atravesada la primera fase, con otros equipos muy poderosos y acostumbrados a una competitividad mayúscula dentro de estas citas tan especiales. Pienso en Italia, Argentina, Alemania o Brasil sobre todo, sin olvidar que al jugarse en terreno sudafricano, es imprescindible tener muy en cuenta lo que puedan ofrecer combinados como el de Costa de Marfil.
Más allá de polémicas, disquisiciones, digresiones, disgregaciones, segregaciones u horrorosas bandas sonoras no aptas para oídos mínimamente sensibles (qué malo es el Waka, dios mío, qué malo), con los morros de un impresentable ya marcados sobre la Copa y todo el espectro electromagnético y radial dispuesto a informar y hacer visible cualquier nimio detalle referido a los actores del drama; digo que hoy, pues, por fin se levantará el telón y dará comienzo una batalla sin tregua para conocer al nuevo campeón del Mundo. ¿Alguien imagina lo que puede suponer conseguir por primera vez el preciado tesoro? Sería un goce indescriptible. Pero para llegar a ese punto habrá que luchar y sufrir, llevando la épica hacia las cotas de dolor y asfixia que nos vaya marcando el camino, como si se tratara de una escalada al pico más elevado de la Tierra. Preparación, energía, dosificación, inteligencia, aguante, destreza, estrategia y suerte. Todo entrará en juego y formará parte de este gran teatro de pasiones que constituye todo un universo de épica por sí mismo, acicateado por las motivaciones individuales y colectivas de grupos mentalizados para lograr una victoria que puede elevar su categoría humana a la más inmortal de “dioses”, efímeros, sí, pero glorificados durante un instante hasta el punto de anular tiempo y espacio y entrar directamente en el trascendente éter de la leyenda.
Seguiremos comentando.
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