Inspirada en el gran poema épico anglosajón escrito probablemente durante la primera mitad del siglo VI d.C., por fin tenemos en esta interesante película todo aquello que echábamos en falta en la decepcionante, por no decir algo mucho peor, "300" del director Zack Snyder. Si allí todo el cúmulo de deslumbrantes efectos visuales lograba a duras penas ocultar una vacío argumental y narrativo preocupante, adornado, eso sí, con execrables dosis de épica reaccionaria puramente maniquea y simplona, algo así como una mezcla conceptual de carcundia y virilidad fósil, ahora, en la reciente y sorprendente "Beowulf" de Robert Zemeckis, se subsanan con acierto esos errores de bulto (imperdonables) y se ofrece un resultado visualmente impactante (la propuesta está pensada para la exhibición tridimensional) pero que no olvida, porque no quiere hacerlo y apuesta por ello, la inteligencia de un guión donde se explora con acierto toda la épica del combate y la construcción de la heroicidad desde las luces y las sombras que se desprenden de una encrucijada tan frágil como sutilmente delicada: férrea voluntad, ambición desmedida, racionalización filantrópica, arrojo temerario, tentación, lujuria, mentira, fidelidad, lealtad, traición a los supuestos ideales, dolor, mentira, sacrificio, responsabilidad y culpa.
El héroe que busca la gloria la consigue utilizando su valor, su inteligencia, su fuerza, la lealtad suicida de su grupo de combate, su deseo abrasador de lograr la gloria eterna al enfrentar peligros y conquistar plazas totalmente inaccesibles para el resto de los mortales. Pero, como siempre sucede, todo presenta un lado tenebroso, y esa gloria, ese poder casi divino logrado al borde mismo de la muerte, se cobrará su pieza en forma de soledad y pérdida. Si el tramo final de la película resulta absorbente, aun habiendo albergado serios temores acerca de la posibilidad de un desenlace previsiblemente tópico, muy rápidamente se disipan nuestras dudas y asistimos a la conclusión de la cinta con una más que agradable sorpresa, pues ésta no rehuye la oportuna dosis de grandeza trágica y cierra un excelente final relanzando el sentido de los últimos planos hacia resonancias simbólicas de muy largo e indiscutible alcance.
Beowulf es el mejor ejemplo del cine que está por venir respecto a su progresión tecnológica mediante la digitalización a través de la "captura de movimiento" de actores reales (Ray Winstone, Anthony Hopkins, Angelina Jolie, Robin Wright Penn y John Malkovich destacados), pero hace muy bien en no descuidar los aspectos más importantes que cualquier buena historia que se precie no debería olvidar jamás: complejidad, profundidad, emoción e inteligencia. Combate así la superficialidad insoportable y plana de un tipo de cine extasiado en sus propios logros FX, autocomplaciente y vano, vacuo y banal, no dejándose atrapar en esos espejismos de la transparencia insustancial mediante la construcción de un sólido argumento que contrarresta la horizontalidad del medio técnico con una verticalidad más profunda, de corte moral e intelectual, inscripta en unos personajes que ofrecen vida real a pesar de su presentación puramente animada. Contra el abominable grito de guerra de los espartanos comandados por un Leónidas acartonado y simple, el de un héroe vital y complejo, Beowulf, cuya existencia nos habla de los insondables abismos que pueblan nuestros ideales más aparentemente impolutos.
Buena.